Por fin una buena columna en LA NACION, que corta un poco con la clarinización del diario. Pero esa valoración es accesoria, lo importante es el contenido de la nota y Fernández Díaz hace una descripción acabada del panorama político hoy. Amén de intentar operar, metiendo el dedo en las contradicciones con aquello de que elneosetentismo es una «sutil forma de ser gorila», plantea muchos tópicos que se han venido discutiendo en la blogósfera politizada. Para los escribas mediáticos, que tienen en la capacidad de influir en el clima de época uno de sus sentidos, el poder de denominación lo es casi todo. Así, sentenciar quién es peronista y quien neosetentista no es una tentación, sino una necesidad. Esto es un resumen de lo ya planteado en un post reciente.
«La verdadera pelea (...) Es la "guerra peronista"», dice Fernández Díaz. Estamos de acuerdo. Fuera del peronismo existe el desierto, no hay proyecto de poder alguno. Esa certeza llevó a la muerte al "peronismo" "federal", a pesar de contar con un gran apoyo massmediático. El problema surge cuando FD coloca al neosetentismo por fuera del peronismo: «setentismo residual, el izquierdismo frustrado, el progresismo lírico, el nacionalismo popular y otras expresiones de la pequeña burguesía ilustrada»; tal y como Piumato, que en twitter hablaba de #peronismopuro, un oxímoron si revisamos la historia o la misma fundación del peronismo.
Entonces, reeditar el enfrentamiento entre la izquierda y la derecha peronista puede ser un objetivo apetecible para las élites, pero dentro del peronismo la pelea es por cuotas de poder, márgenes de discrecionalidad y posicionamientos hacia el próximo periodo. Si bien la tensión existe, el objetivo nunca puede ser la ruptura. Fernández Díaz señala a la provincia de Buenos Aires como campo de la contienda. El peso del distrito dentro del mapa electoral así lo certifica. Pero se equivoca el editorialista cuando hacia el final señala a Scioli como representante del «peronismo troncal». No porque no pueda ser su eventual candidato, sino porque en la PBA la disputa es más compleja e intervienen Balcarce 50, la gobernación de la PBA, los territoriales y el sindicalismo. Circunscribir entonces la pelea a neosetentistas vs. peronistas ortodoxos puede servir como figura literaria o simplificación pero no se ajusta del todo a la realidad.
Fernández Díaz confiesa que se sentiría seducido si la propuesta se tratara de «luchar contra la oligarquía peronista y el partido único». Claro, era el objetivo de las élites, la de un peronismo con el cual negociar su interacción con el Mercado y darle sepultura a la variante K. Pero, así como desde aquí no creemos que Scioli o Moyano sean los enemigos, tampoco consideramos que el kirchnerismo deba dar más muestras de que ha abandonado una transversalidad que, en los papeles, dió sus últimos estertores allá por 2005/2006. El kirchnerismo no es otra cosa que el peronismo hoy, y podría resultarle harto difícil a alguien (Moyano, por ejemplo) intentar convencer a la sociedad de algo distinto. En esta disputa al interior del MOO, en la que no se priva de intervenir el oficialismo (como siempre ha ocurrido), no existe nadie que no sea consciente de que el sindicalismo es una de las patas fundamentales del peronismo, pero no todo el peronismo y mucho menos un sector que pueda, por sí sólo, llegar a ocupar el poder formal del Estado. A modo de corolario, podríamos reversionar el dicho "el que se enoja, pierde" con un más adecuado al contexto "el que saca el peronómetro, pierde".
Finalmente, aunque supongo ya lo habrán leído, este post no estaría completo sinlinkear a Manolo. Agrego, además, el posteo de Abel.
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